martes, 25 de agosto de 2009

Lucas

-Estoy ebria
-Yo igual, sentémonos
-¿no estará muy húmedo?
-naaaah, es primavera, casi verano y además, ya te dije: también estoy ebrio; quiero descansar.

Nos sentamos y guardamos silencio. En mi mente sólo pensaba que en un rato más tendría que irme del campus para juntarme con Sofía y que ya no aguantaba más tener mi secreto atravezado entre las cuerdas vocales de mi garganta de lata pasada a Cooler Bola 8. El pasto no estaba para nada húmedo y el ambiente estaba más bien tibio.
Pensaba en cómo empezar, hasta que exploté:

-Lucas- le dije
-Amanda-
-Estoy con la Sofía
-¿Cómo?- me dijo con cara de "contextualízame"
- ¿Te acuerdas de que el día de Yelle me quedé conversando con la Sofía?
-Sí

Entonces Lucas me miraba con una cara de contextualización que pedía a gritos que fuera rápida con el cuento.

-Es que ahí, nos dimos un beso

Y me largué contándole lo de la playa, lo mal que lo había pasado cuando me acordé. Le hablé de mis temores, de mis descubrimientos y de lo sucedido en el concierto de Yelle. Cuando terminé, me miró con cara de alegria nerviosa y me dijo:

-Sofía, a mi también me han estado pasando cosas. No sabes cómo te entiendo.

Lucas es mi amigo del alma, lo conocí el segundo semestre del primer año de la carrera, en un paseo de curso. En esa ocasión, hablamos de dos millones de estupideses entretenidas alrededor de una parrilla con choripanes y, con el tiempo, nos hicimos inseparables.

Somos compañeros de trabajo, de esos en que el otro conoce tus tiempos, tus habilidades y debilidades. Compartimos gustos, valores y por sobre todo, un profundo sentido del ridículo que le ha servido a Lucas para entenderme en cada taldazo que sufro en la vida. Como yo, se distrae a los 35 minutos de concentración, piensa en imágenes y es capaz de hablar hasta por su ass de algo que le gusta.
También nos encanta reirnos de la gente.

Se comprenderá, por tanto, mi necesaria-necesidad de hablarle, de contarle mi secreto. Y su respuesta me dejaba hiperventilada:

"-Sofía, a mi también me han estado pasando cosas. No sabes cómo te entiendo."

¿Qué intentaba decirme?

jueves, 20 de agosto de 2009

Universo Paralelo

Pasaron varios días antes de que hiciera memoria de todo lo que había sucedido esa noche. Al final de mi reflexión (que duró como mil horas con 39 segundos) quedé en estado de schop y me puse a cortar el pasto de mi casa como una loca durante todo el día. Paraba y me desesperaba. A las 10 de la noche lo único que quería era tener un patio más grande para seguir cortando pasto.

Luego me salió herpes y me fui a cuanto carrete me salió al paso. Si no había, inventaba uno y arrasaba con todo el alcohol que caía a mis manos. Me estresaba su ausencia, el pecado, el odio.
Me hacia mal saber que no estuviera disponible para mi. Se me apretaba el pecho cuando descubría todo lo que sentía. Además creía que todo era mi culpa.

A veces, pensaba que eran ideas mías todo eso que estaba pasando. Que era yo la que estaba a su acecho, esperando que me diera una señal de que iba en buen camino. Que era yo la que buscaba esto y que del otro lado me sentían como una acosadora.

Pero después, se me venía de inmediato el recuerdo de esa noche. Que fue ella la que buscó mi boca, la que se metió en mis costillas durante dos noches. No fui yo. Fue ella. Y era ella la que debía sentirse mal por haberme perseguido, por colocar su cabeza en mi hombro, por tomarme la mano, por no soltar mis dedos.

La odié por hacerme sentir todo eso, estaba absolutamente alienada. Fuera de mí hasta la misma mierda.
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Una vez, mi amiga Emilia me dijo que todo en la vida fluía, que todo pasa si así debe ser. Entonces tuvieron que pasar dos meses desde esa noche playera hasta que sucedió lo que supongo que debía pasar. La consigna jipi del “todo fluye hermana” de Emilia se hizo realidad.
Fue en el recital de Yelle.

La síntesis de las primeras tres horas del concierto-fiesta- yelle: fuimos casi los mismos amigos que estuvimos en el paseo a la playa, pasó el recital y cuando me dijo que se iba, me enojé.

Le dije que siempre hacía lo mismo. Pero la obligué a que conversáramos. Le dije que me debía una conversación, que yo recordaba cosas.

Y ahí, se le cayó la cara. La vi angustiada, atrapada, pero lo suficientemente grande como para aceptar la conversación.

No sé qué le habré dicho, no sé cómo me iba acercando, pero en algún momento yo tenía mi cara sobre la de ella, esperando que actuara. Y actuó.
Dejé que buscara mi boca y esta vez la acepté. Nos dimos un beso largo y deseado. Como si llevásemos mucho tiempo esperándolo. Fue el beso más lindo de la vida, cargado de dos millones de sentimientos.

Y nos quedamos así, con las caras pegadas, hablándonos. Le dije que la había descubierto, que en el fondo era la persona más frágil que pueda existir, que lo único que deseaba era que le hicieran cariño, porque era regalona. Se quedó sorprendida con esa revelación y asintió.
Le propuse que decidiera lo que pasaría después de ese beso.

Le dije que si ella decidía que nos alejáramos, yo iba a aceptar y me iba a desaparecer de su vida. Me respondió de inmediato. Toda seria me dijo que eso era lo mejor que podíamos hacer, que no quería hacerme daño, que la dejara, que me desapareciera.

Y quedé en schop. Me dieron ganas de ponerme a llorar. Estuve pegada varios segundos hasta que me acerqué de nuevo, le dije que me tomara la mano y nos volvimos a dar otro beso largo.
Nos reímos. Nos dimos un beso corto, rápido. “vámonos” “¿adónde, a la calle?” “a tu casa.”

Eso ocurrió una madrugada de un día 28 de un mes primaveral. El mismo 28 lo pasamos en su casa viendo tele y robándonos besos que nadie pudo ver.
Era nuestro universo paralelo. Así lo llamó.
Universo paralelo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Cuando te pensé...

Fue hace tiempo ya, mayo del 2008, en una de esas noches escribí:
"Por primera vez en la vida siento lo que siento, jamás se me había pasado por la cabeza pensar que esa complicidad, podía ser algo más que solo complicidad. Nuestra amistad ya es mucho más que eso, es hermandad, es saber lo que piensas, lo que harás, las reacciones del minuto. Es una cosa inexplicable que no sé dónde comienza y dónde termina, es esa energía que no sé en qué minuto nació ni hacia dónde se dirige."
Así parece que comenzó todo, así entraste en mi cabezota...

Llegaron las vacaciones de invierno y como siempre el típico viaje a la playa. A unos días de la partida, yo aún no estaba segura de ir, obviamente tú me convenciste. Ese paseo fue distinto, por primera vez el grupo estaba conformado en su mayoría por tus compañeros de clase, Lucas, Max y Sebastián, por lo tanto Agustín y yo eramos la minoría.
Llegué a la playa ese viernes, un poco más tarde que ustedes, el terremoto estaba listo y los choripanes en la parrilla.

Fue la madrugada de la segunda noche de carrete... no sé en que momento empezó nuestra charla. Sentadas en el piso, en medio del living, tú sostenías mi espalda con tu rodilla. Recuerdo que estuvimos mucho rato así... muy tarde nos fuimos a dormir, siempre tenías frío y te acomodabas en mi espalda a robarme calor... la noche anterior me habías tomado la mano... esa noche tomaste mi mano nuevamente, y yo... yo intenté robarte un beso, pero no me dejaste y corriste la cara.

A la mañana siguiente tenía miedo, me armé de valor para darme vuelta y mirarte a la cara, pero no pasó nada, tú seguías igual... durante el día busqué algún indicio, algún cambio de actitud, pero nunca hubo nada de nada.
El domingo en la noche la aventura playera se acabó, regresamos a Santiago, yo volví aturdida, sintiendo que jugaba con fuego, que engañaba, con todas mis certezas perdidas y con un montón de dudas a cuestas.

martes, 18 de agosto de 2009

Respuesta a correo 1

De: Amanda
Para: Sofía

no hay nada que analizar. eso nos caga la vida, porque pa qué seguir intentando encontrar una respuesta a algo que no lo tiene. ES y ya.

más bien tenemos que asumir. al menos yo, asumo todo lo que dije e hice en nuestro universo paralelo, y asumo ahora también, que hoy te he echao de menos más que la puta. y en realidad esa es mi única preocupación en este segundo: cuándo te vuelvo a ver... porque decidí que voy a dejar que las cosas pasen sin cuestionármelo mucho. que te voy a decir que te echo de menos y punto.

todo es raro, es verdad.
pero, amé mi domingo con su madrugada. qué le voy a hacer.

te doy un dato: creo que nos queremos mucho. por eso, a pesar de lo cuático que puede ser, nos resulta natural.

despégate.

te quiero
ah, y te echo de menos.
chucha, van como 24 horas no más de no verte. cagué.

lunes, 17 de agosto de 2009

Correo 1

De: Sofía
Para: Amanda

Hola, cómo te fue en la prueba???

Cómo tay.....??? yop pa' la cagá, toy pegá buscando mil análisis de todo, no entiendo nada, quiero que sea sábado en la noche o domingo sin pensar en nada, la cagá!!

besos, tk

bye