jueves, 20 de agosto de 2009

Universo Paralelo

Pasaron varios días antes de que hiciera memoria de todo lo que había sucedido esa noche. Al final de mi reflexión (que duró como mil horas con 39 segundos) quedé en estado de schop y me puse a cortar el pasto de mi casa como una loca durante todo el día. Paraba y me desesperaba. A las 10 de la noche lo único que quería era tener un patio más grande para seguir cortando pasto.

Luego me salió herpes y me fui a cuanto carrete me salió al paso. Si no había, inventaba uno y arrasaba con todo el alcohol que caía a mis manos. Me estresaba su ausencia, el pecado, el odio.
Me hacia mal saber que no estuviera disponible para mi. Se me apretaba el pecho cuando descubría todo lo que sentía. Además creía que todo era mi culpa.

A veces, pensaba que eran ideas mías todo eso que estaba pasando. Que era yo la que estaba a su acecho, esperando que me diera una señal de que iba en buen camino. Que era yo la que buscaba esto y que del otro lado me sentían como una acosadora.

Pero después, se me venía de inmediato el recuerdo de esa noche. Que fue ella la que buscó mi boca, la que se metió en mis costillas durante dos noches. No fui yo. Fue ella. Y era ella la que debía sentirse mal por haberme perseguido, por colocar su cabeza en mi hombro, por tomarme la mano, por no soltar mis dedos.

La odié por hacerme sentir todo eso, estaba absolutamente alienada. Fuera de mí hasta la misma mierda.
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Una vez, mi amiga Emilia me dijo que todo en la vida fluía, que todo pasa si así debe ser. Entonces tuvieron que pasar dos meses desde esa noche playera hasta que sucedió lo que supongo que debía pasar. La consigna jipi del “todo fluye hermana” de Emilia se hizo realidad.
Fue en el recital de Yelle.

La síntesis de las primeras tres horas del concierto-fiesta- yelle: fuimos casi los mismos amigos que estuvimos en el paseo a la playa, pasó el recital y cuando me dijo que se iba, me enojé.

Le dije que siempre hacía lo mismo. Pero la obligué a que conversáramos. Le dije que me debía una conversación, que yo recordaba cosas.

Y ahí, se le cayó la cara. La vi angustiada, atrapada, pero lo suficientemente grande como para aceptar la conversación.

No sé qué le habré dicho, no sé cómo me iba acercando, pero en algún momento yo tenía mi cara sobre la de ella, esperando que actuara. Y actuó.
Dejé que buscara mi boca y esta vez la acepté. Nos dimos un beso largo y deseado. Como si llevásemos mucho tiempo esperándolo. Fue el beso más lindo de la vida, cargado de dos millones de sentimientos.

Y nos quedamos así, con las caras pegadas, hablándonos. Le dije que la había descubierto, que en el fondo era la persona más frágil que pueda existir, que lo único que deseaba era que le hicieran cariño, porque era regalona. Se quedó sorprendida con esa revelación y asintió.
Le propuse que decidiera lo que pasaría después de ese beso.

Le dije que si ella decidía que nos alejáramos, yo iba a aceptar y me iba a desaparecer de su vida. Me respondió de inmediato. Toda seria me dijo que eso era lo mejor que podíamos hacer, que no quería hacerme daño, que la dejara, que me desapareciera.

Y quedé en schop. Me dieron ganas de ponerme a llorar. Estuve pegada varios segundos hasta que me acerqué de nuevo, le dije que me tomara la mano y nos volvimos a dar otro beso largo.
Nos reímos. Nos dimos un beso corto, rápido. “vámonos” “¿adónde, a la calle?” “a tu casa.”

Eso ocurrió una madrugada de un día 28 de un mes primaveral. El mismo 28 lo pasamos en su casa viendo tele y robándonos besos que nadie pudo ver.
Era nuestro universo paralelo. Así lo llamó.
Universo paralelo.

1 comentario:

  1. No, no puse bar.
    "me vendí" por "suerte" xD

    Saludos
    sigan robándose besos q nadie pueda ver

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